sábado, 26 de noviembre de 2011

(i)



.
.
.
La palabra es una carcasa. Gloriosa carcasa, pero nada más. Lo importante es mirar con honestidad el nervio, ser con honestidad el nervio, y temblar a los pies de la desesperanza como un niño tiembla a los pies de la vida.
Yo he mentido. Me he mentido. Me he dejado guiar por la belleza creyendo que sólo a través de la belleza encontraría la verdad, pero sucede justo lo contrario: sólo a través de la verdad se es capaz de encontrar la belleza, una belleza honesta, desnuda, descorazonadora; la belleza de la soledad que se guarda y se porta y se es, y duele, duele tanto. Siempre pensé que hablaba con honestidad, pero ahora me doy cuenta de que tenía una rosa en la garganta, asfixiándome, y yo quería ser esa rosa, y era tan grande ese deseo que me llenaba la boca de plumas, y miraba la pena pero escribía la rosa, todo-era-rosa, y la suciedad se ensordecía, y ya todo gravitaba adormecido, tan bello, tan de otro.
Buscaba la arquitectura exacta, la perfecta bóveda incendiándose con la elección precisa de los verbos, pero eso era pura distracción, trayectoria, oficio inabarcable que me libraba de mirar con humildad la vida, y sentir asco, y llorarla.
He vivido aturdida, he envuelto mi voz entre almohadones y la he golpeado desde un rincón de la vergüenza. Y nadie lo ha escuchado. Yo no lo he escuchado. 
Yo no me he permitido escuchar. 
.
.
.


foto: bárbara butragueño 2013

7 comentarios:

El Joven llamado Cuervo dijo...

Difícilmente alguien te escuche, por eso, tratá de escucharte a vos misma, claro. Somos, demasiado islas, demasiado encerrados en nosotros, y el otro, nada. Un abrazo.

Emilio Porta dijo...

Bueno...no es tan importante que nos escuchen como tener voz propia y combinarla bien con el silencio. Y el pensamiento ajeno al ruido y cerca de la luz, la de lo que encontramos sin buscar. Me gusta que habites dos lugares. Hay que habitar mil lugares. Los nuestros, los de los que se nos parecen, incluso de los diferentes.
Y descubrir cielos e infiernos en este camino a Itaca que no tiene final, es senda y estancia. Supongo que lo que hacías y lo que haces no es tan distinto. Hay unas señas de identidad que no cambian con los pasos. Solo se acrecientan para aumentar en la cualidad de los descubrimientos.
Si hay varios naufragios es porque ha habido diversas travesías. Te queda mucho para el naufragio final, así que sonríe y mira el gran océano, los grandes oceános, como un campo de conocimiento donde no siempre se gana. Pero siempre se vive. Y esa es la única victoria posible. Vivir y aprender, aprender a vivir.

bárbara dijo...

Islas sin remedio. Islas que no siempre quieren ser islas.
Gracias, Cuervo.
Un abrazo *


Emilio, gracias por tus palabras. "Si hay varios naufragios es porque ha habido diversas travesías". Me encanta. Un abrazo.

RChS dijo...

Hay que tener cuidado con las rosa, que tienen muchas espinas, y pueden acabar con todo. Si te distes cuenta, ya es mucho, podras escuchar, y permitir que escuchen !

Saludos

Ray Haller dijo...

Sospecho el camino a través de la percepción. Imagina una poesía perceptiva, perceptiva para ti; como maiéutica, autoevocativa. Al final, el reconocimiento o admiración de lo que se es que la poesía o el arte o el ser humano siempre ha contenido. No encuentro nada más veraz que lo que yo mismo siento, aunque la trascendencia no esté en lo veraz, sino en lo sentido. Me doy cuenta de que también soy lo que intuyo, lo que veo o lo que escribo. Para mí no hay mentira posible, solo sedentarismo propio de gente cansada.
Descansar, observar y catalizar la realidad en versos que otros y uno mismo observen y catalicen en descanso. Un plan poco propio del lugar en que vivimos.

hombrepez dijo...

Vivir aturdido es una forma de resistir.

María Se Ríe dijo...

Quizá por eso necesitamos escribir. Por que de esta forma nos alejamos un poco de la verdad que duele en la garganta, dejándola en las teclas o el papel.

Me ha encantado descubrirte.