Aquí estoy. Luchando por no enfermar de pequeñez. Blandiendo el mosquito y la herida como quien está terriblemente solo en el centro de una playa y agita maderas y harapos inservibles y piensa que la soledad es un simple grito rodado, ya insignificante, ya reluciente de tanta ola batida.
naufragios diminutos
miércoles, 6 de marzo de 2013
nota
Aquí estoy. Luchando por no enfermar de pequeñez. Blandiendo el mosquito y la herida como quien está terriblemente solo en el centro de una playa y agita maderas y harapos inservibles y piensa que la soledad es un simple grito rodado, ya insignificante, ya reluciente de tanta ola batida.
domingo, 24 de febrero de 2013
enseñadme
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constantemente
no vuelas
no discurre tu vida en la hondonada
no inyectas en tu pecho el precipicio del valor
que comporta vivir
para lo que Dios y tu alma saben
que has sido concebido
oh, fecundos dioses, posad sobre mí vuestras pequeñas manos relucientes, dioses de la suerte, de los hombres que brillan como escudos y escudos son en la ciudad de los insectos.
de su mentira, enseñadme
de qué están hechos los huesos
de lo fácil, vosotros, que deambuláis
por una estepa blanca y refractada, arqueados la sangre
y los colmillos, arrastrando un carro al borde del delirio y del desguace
vosotros, vosotros, enseñadme,
a ser.
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viernes, 30 de noviembre de 2012
el amor es esto
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martes, 18 de septiembre de 2012
la certeza como condición exterior
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martes, 11 de septiembre de 2012
ofrenda
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sábado, 8 de septiembre de 2012
extracto
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miércoles, 5 de septiembre de 2012
ฉันกลับมา
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domingo, 27 de noviembre de 2011
(ii)
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(he escrito un vídeo)
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Soy consciente del aluvión de recitales que hay cada día en esta bendita ciudad, por eso me encantará veros por allí a los que podáis pasaros.
sábado, 26 de noviembre de 2011
(i)
Yo he mentido. Me he mentido. Me he dejado guiar por la belleza creyendo que sólo a través de la belleza encontraría la verdad, pero sucede justo lo contrario: sólo a través de la verdad se es capaz de encontrar la belleza, una belleza honesta, desnuda, descorazonadora; la belleza de la soledad que se guarda y se porta y se es, y duele, duele tanto. Siempre pensé que hablaba con honestidad, pero ahora me doy cuenta de que tenía una rosa en la garganta, asfixiándome, y yo quería ser esa rosa, y era tan grande ese deseo que me llenaba la boca de plumas, y miraba la pena pero escribía la rosa, todo-era-rosa, y la suciedad se ensordecía, y ya todo gravitaba adormecido, tan bello, tan de otro.
jueves, 10 de noviembre de 2011
la fuerza
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Dígame. Con la mayor precisión posible. Cómo es.
Le digo. La piel - estrecha. Y en el cuerpo algo parece girarle -sobriamente- como un astro - a la altura del esternón. Tiene una batalla clavada -mejor dicho, es- una batalla clavada -mejor dicho, es- tantos hombres clavados a una batalla clavada a la altura del esternón. Y conoce el vocabulario sencillo - veintisiete sinónimos de luz - el tú y el ellos - las cosas que se afean rápido - algo de náusea - el tiempo y su difusa hostilidad.
Yo le miro sepultado entre tanta palabra que le lanzan - tanta palabra hueca sobre tanta palabra hueca sobre tanta coraza hueca que esconde al animal diminuto que desesperadamente se busca.
Por qué no te basta -le digo- por qué no es suficiente motivo el hollín el caldo oscuro de los huesos ese poso negro que dejas al caminarte -más que caminarte, vagar, puntualizo-. Debería ser suficiente -un- amanecer desde la sangre, vivir -un día- en verdadera verticalidad, con el sol cayendo en vertical sobre un yo -si quiera- cierto, un yo -si quiera- puro. Un yo. Y no esa maraña que vistes, con esa boca grande que siempre te está tapando, esa boca grande donde mueres y mueres y mueres porque es allí - en la saliva caliente - allí - donde te encuentras contigo - y te odias.
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Y. Dígame. ¿Qué piensa de la fuerza? ¿Cómo vive esa criatura que -más que vivir- se padece?
Le digo. Mal. Tiene el cuerpo abombado de tanto equivocarse. Creció pensando que la fuerza era un país muy frío - muy alto - donde las cosas se dicen con fuego y donde todos -pensaba- absolutamente todos los que allí viven - pueden llamarse reyes.
Preparó su viaje durante semanas -guantes, bufanda, maleta de piel y víscera, veneno-.
Y un buen día empezó a cargar sobre su cuerpo uno dos tres cuatro cinco -seis- animales mitológicos que rugían y no dejaban de moverse y -no se sabía si- se apareaban con fervor - o se estaban matando.
Ese día comenzó a arrastrar las manos. Primero -un poco- como si pronunciara la tierra con la punta de los dedos. Después - los brazos se le acabaron hundiendo hasta los codos.
Pensé, le caen como si quisieran marcharse de su cuerpo, como si fueran sus manos -curiosamente, sus manos- las que hubieran atisbado -si quiera- un centímetro de verdad: la fuerza no es una casa incendiada. La fuerza no es mirar desde el púlpito - desde el arco triunfal - a la legión de cuerpos sumisos - doblegados. La fuerza no es el país oscuro al que has rendido - durante tantos años - culto doliente - rodillas en tierra.
La fuerza no es- el amor no es- la familia no es- una casa incendiada. Entiende. La fuerza -no supiste verlo- la fuerza la fuerza la fuerza -la fuerza- estaba justo delante de ti: la callada resistencia - el ojo del pez - tan redondo - tan blando - que no sabías si lloraba o estaba ausente - como ido - riendo - desde otro lugar. Y tú cargando -tonto- tanto abrigo -tonto- tanta maleta prestada. Y luego, la sangre. Ya sabes hacia dónde voy. La-sangre. Esa sangre que se te bombea sola y tú no sabes de dónde viene pero sientes que hay algo así como una farsa que te sigue, una niebla que te hace no estar - verdaderamente - en ningún sitio - desde hace años -, y empiezas a sospechar que algo tiene que ver con la sangre -sí- con esa sangre que se te bombea sola como un animal ofuscado y sabe a óxido y te llena la boca de arena y te repite nombres -nunca el tuyo- siempre gritando. Y te das cuenta de que no es -exactamente- la sangre - lo que se dice, propiamente, sangre - humor circulatorio, líquido teñido de pigmento hemoglobínico-, no. Si te fijas -con cuidado- te das cuenta de que son pequeños cuerpos magullados, como entrañas apiladas -carne muerta- con nombres y con ojos familiares.
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Y en la inmensidad del rojo, ves -flotando- un trono.
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No, es una tumba.
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Y en la inmensidad del rojo, ves brillar la balaustrada del discurso que flota lejos -tan hermosa-.
Tantos años mirándola desde abajo, con la boca grande como queriendo apresarlo todo - no vaya a ser que -.
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Y entonces - como si alguien pulsara una tecla -no tú, que tienes las manos hundidas en el suelo- como si alguien pulsara una tecla -entonces- el pez - la sangre - el animal ofuscado - el pez el barro la palabra hueca - el pez la farsa la maleta prestada - el pez. Sí. El pez. Y su callada resistencia. Y su ojo tan blando. Tan redondo. Donde alcanzas a ver -pequeño- el país de la fuerza -ahora sí- el país de la fuerza. Sin casa incendiada. Ni batalla clavada en el pecho. Ni vocabulario sencillo. Ni náusea. Sí. Un lugar con un centro. Y un yo. Y un animal diminuto que -espera- parece -al fin- estar encontrándose.
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viernes, 23 de septiembre de 2011
diez justos
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Felisberto Hernández
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lunes, 14 de marzo de 2011
ese maldito yo
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domingo, 13 de febrero de 2011
dónde
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Belen Gopegui
lunes, 31 de enero de 2011
fragmento
.viernes, 14 de enero de 2011
cine mudo
Niña fósforo, arrecife que carga un cuerpo, carne que arrastra un alma de diecisiete plantas, tus manos son un cuenco donde una vez te tendiste y jugaste a abarcar tu nombre, escucha, a veces no escribo, escucha, a veces paso largas semanas sin escribir y entonces siento que se han ido para siempre, los poemas que no escribo se han ido para siempre, y aunque dos tres cuatro días después trate de apresarlos, y quizá, quién sabe, me aproxime, ya nunca serán, no están, se han marchado, ahora tienen belleza de constelación difusa, de trece luciérnagas en caja torácica que se agitan sin ser estrellas, y entonces soy quince no-poemas más vieja, entonces estoy quince no-poemas más cerca de mi muerte. Mi paraje se dibuja parco, en épocas invernales practico el autoabastecimiento y la producción autárquica, mis heridas se relamen solas, ocupo mi tiempo en calcular el tiempo y hablo de mí conmigo. A veces siento la guerra en mis manos y me convierto en su anticipo y me destruyo, escucho música, como si me viniera del centro de la carne, como si el tarso y el metatarso supuraran sonidos ancestrales y entonces hubiera que prender hogueras y rugir como el hambre. Yo no soy esa que maldice, en mi boca no caben tantas tumbas, sé que hay incendios, sé que por momentos escucho la música nacer de mí como un antílope mojado, pero esa boca no es la mía, ese odio no es mi odio, yo tengo un cuerpo puro.
sábado, 1 de enero de 2011
ese insecto vive y levanta tempestades en tu sangre
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sábado, 25 de diciembre de 2010
miércoles, 22 de diciembre de 2010
la que sueña
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lunes, 20 de diciembre de 2010
bande à parte (i)
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- Vous avez l'air démodé avec cette coiffure -
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Franz se quedó el Sinca, merodeó un rato triste y solo, con la mirada siempre agitada, mientras que, en los bulevares, Arthur le contaba a Odile que un día se había cruzado con uno en la calle que andaba así:
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Rimbaud, como mi padre.
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