miércoles, 18 de noviembre de 2015

pequeños textos sin relevancia (IV)







Camino por la avenida. Hace frío. Esquivo charcos que se abren a la noche como mujeres parturientas. Esquivo un charco con forma de dios. Pienso en Clara. Clara decía, no se puede ser madre e hija al mismo tiempo. Pienso en Clara tendida en este charco como una ofrenda. Clara, Ofelia del extrarradio, con el pecho abierto de par en par. No se puede ser madre e hija al mismo tiempo. Te desorienta, decía. Te aniquila. Pienso en Clara sosteniendo a una madre con la cara pixelada. La cara turbia y el cuerpo tintineante como el de un insecto que agoniza. Clara dando de mamar a su madre de la ubre helada de la noche. Y el triángulo isósceles abriéndole el pecho de par en par, la herida panorámica, la rivalidad devota y confusa. Clara tiene el pelo negro. Pero no es un negro, negro. Es un negro anaranjado, violáceo, como quien cierra los ojos con violencia y ve a la oscuridad desperezarse mansamente, casi eléctrica. Pelo de abismo, de fin del mundo efervesciendo, de miles de insectos bullendo, Clara. Clara tiene fiebre por las noches. Es una fiebre de otro mundo. Cuando duerme, habla y maldice y se queda como licuada. En el cielo de su paladar hay un planeta que gira. Yo coloco paños mojados en su rostro y entonces comprendo que el bebé que va a dar a luz está muerto y tiene su nombre y su rostro humedecido. Clara lleva embarazada treinta años. Cuando tenga este hijo, el cielo se plegará sobre sí mismo y habrá epidemias.









diario noviembre 2015
foto: bárbara butragueño 2013

3 comentarios:

Javier López-Gomis dijo...

Me ha retorcido y emocionado y dolido y tocado. (Y más que no sé la palabra).
Y me encanta.
Gracias.

bárbara dijo...

Gracias, Javier! Me alegra mucho :_)
Un abrazo
B.

Neeze dijo...

Hasta ahora sólo había leído poemas tuyos. Es maravilloso comprobar que tu prosa poética duele, mueve y muerde igual. Llevo 23 años embarazada de nada y acabo de saberlo.