miércoles, 15 de diciembre de 2010

Fiódor Fiódor

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Un cobertizo para el invierno
y literatura rusa como caldo nocturno.
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Dostoievski es un puñal, una gubia que se lanza directa a pulir el tuétano y dibuja formas que van desde el azar a la desdicha
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y yo digo
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tú que ha sido tantos hombres en un hombre
tú que conoces la miseria y su pesado aliento como si hubieras vagado con paso firme por la primera tierra del primer hombre
tú que hablas la entraña y pronuncias el insecto con pulso de cirujano y gritas la fractura como si conocieras la cavidad más oscura y su descenso
y tienes ojos para el infierno y te bebes el pueblo entre convulsiones
y cuando escribes ramificas en mil bosques de cianuro

buceador
gusano del subsuelo
grítame Rusia con la saliva caliente
grítame Rusia
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4 comentarios:

Anouk A. dijo...

Cuánto me gustó! sobre todo el verso

"y cuando escribes ramificas en mil bosques de cianuro"

bárbara dijo...

qué bien Anouk, justo dudaba bastante con ese verso, ya ves, así que me alegra doblemente que te haya gustado.

un abrazo fuerte
B.

santiago tena dijo...

es más que rusia: es el hombre, todo solo y sangrante, el hombre

Ray Haller dijo...

Este poema desencasquetará las páginas de mi Crimen y castigo (I). Un año y pico y justo lo he cogido por la mañana del estante; y luego está lo otro, que lo dejé cuando Raskolnikov me contaba una pesadilla que había tenido y que no se sabía distinguir de los delirios del hambre. Qué raro, ¿eh?